| Pesca en Texas No. No se trata de un basquetbolista, ni un golfista, ni un tenista. Un amigo de Buenos Aires que aprovechó unos días de trabajo en el sur de Estados Unidos y se dio el gusto de pescar un bass
No era el motivo de mi viaje, pero existía una posibilidad de que sucediera. Un curso de trabajo en Estados Unidos me permitió quedarme unos días extra en Houston, donde mi amigo local, Carl, me brindó un cálido alojamiento y me organizó una visita al campo donde vive un amigo suyo de la infancia, Brian. Brian vive en las cercanías de la ciudad casi homónima, Bryan, que queda a unos 150 kilómetros al nor-noroeste de Houston, sede de la A&M University, donde residen unos 190.000 habitantes. Es dueño de un campo donde pastan unas trescientas vacas en un paisaje muy similar al de nuestra pampa húmeda, salvo por las “cigüeñas” que extraen petróleo como fondo del ganado. A pocos metros de su casa, un lago (tiene dos) de dimensiones suficientes para la práctica de la pesca deportiva, nos llamaba para probarnos.
La pesca Luego de la recorrida de rigor por el campo, la charla familiar y de conocimiento mutuo, mi amigo insistió en que probemos suerte en el lago. Un bote pequeño de aluminio, unas cañas ya preparadas para el baitcast y nos adentramos en el agua a una hora difícil para el pique según el lugareño: la 13.30. Después de recibir instrucciones sobre la forma de lanzamiento y cómo recoger la línea (la punta de la caña en alto, toques cortos para animar la imitación azul gelatinosa de lagartija que escondía el anzuelo, etc.) comencé a tirar sobre la vegetación que se encontraba dentro del lago y salía a superficie. Son plantas similares al irupé y otras parecidas a las que encontramos en los acuarios. Cada que vez que llegaba el señuelo al bote tenía que sacar el manojo de verde cabos arremolinados en la línea. Luego del tercer intento, siento que venía un importante paquete de tallos, pesado. Me ilusiono con un pique, pero me avisa Brian que el Largemouth bass, ese ícono de la pesca de agua dulce del sur de Estados Unidos al que estábamos tentando, es muy activo al picar y no podría venir así “muerto”.
Ya casi desilusionado, me prometo hacer el próximo intento dentro del agua clara, limpia. Pero a pocos metros del bote, siento un pique suave. No veo nada. Sigo recogiendo. Vuelvo a sentir el pique suave otra vez. Casi al lado del bote veo claramente un precioso ejemplar camuflado bajo el enjambre verde. Pude subirlo, sacarme la foto que acompaña la nota y devolverlo al agua sin problemas. Brian me dijo que fue una captura poco habitual, por la hora del día y la forma. No importa. Mi debut como pescador deportivo en Estados Unidos fue emotivo y, por supuesto, me dejó con ganas de más, pues ese día tuvimos que volvernos poco tiempo después. También mi viaje me dejó fotos en la NASA y en otros lugares con recuerdos memorables, pero para los que gustamos de esa sensación gelatinosa que dejan nuestros amigos del agua en la palma de las manos, lo mejor que me pudo haber pasado es toparse con esa “bocón” en el lago de Brian en Bryan. |