Tengo la suerte de ser amigo de Jorge Castiñeira, el facultativo veterinario de Carro Quemado (La Pampa). Suerte por partida doble.
En primer lugar, Jorge es un criollo que me honra con su amistad, hombre de palabra y mano tendida que jamás deja a nadie en la estaqueada, pampeano de ley que hace de su casa un refugio para todo cumpa pescador. Es amante de la pesca con mosca, aún viviendo en medio del desierto... pero el gallego es así, y gracias a Dios es tan buen tipo como cabeza dura.
En segunda instancia, es un experimentado cazador que vive en la capital de la caza mayor. Da envidia escuchar sus anécdotas de pibe en el monte y cuando su viejo le enseñaba a cazar apenas entrado en la adolescencia. ¡Cuánto tengo que aprender de él!
Pero se cansó de cazar con el fusil y ahora es un fanático de la pesca con mosca. Aunque se da algunos gustitos trabajando para los cotos que requieren sus servicios de médico veterinario. “Ahora practico la caza sin muerte... vos sabés que los ciervos calientes con la brama se dan unas palizas bárbaras y a veces se lastiman fiero...”, comenta Jorge.
Es así como ahora caza con su rifle de dardos tranquilizantes. ¡Qué envidia!, da gusto escucharlo contar cómo se acerca a menos de 20 metros para dormir, curar y aplicar el antídoto al somnífero. “¡Es como el catch and release de la pesca con mosca!”, dice el sinvergüenza...
“Venite que hay chancho para hacer dulce”, hacía años que me invitaba. Desde el ´96 que nos conocimos pescando en el lago Huechulaufquen, me recuerda una y otra vez que su casa no tiene cerraduras para mí...
“Tengo un amigo que es guía de caza y trabaja en un coto repleto de jabalíes”, era hora de aceptar la invitación. Les dije a Ariel y Eduardo y, una vez cargada la camioneta con los fusiles, bolsos y el equipo de mate, zarpamos hacia Carro Quemado.
Llegamos y el pueblo, como siempre, nos pareció hermoso: tranquilo, criollazo y rodeado de ciervos y chanchos. Se respira el aire que sólo La Pampa puede brindar.
Jorge no está en casa, pero el “Negro” César nos recibe en la veterinaria con unos amargos (tibios como siempre) y nos dice que rajemos para el coto porque el “Mancho” nos espera para apostarnos. Hugo Blanco, el “Mancho”, es guía e hijo de un mítico guía, conocedor de la zona como pocos y con apostaderos celosamente cebados, mejor dicho generosamente cebados que prometen cantidades de hocicudos amigos.
Una vez en la humilde casa que en otras épocas ha sido puesto de estancia, nos encontramos con otros tres cazadores, por casualidad, también rosarinos. Otros mates y nos aprontamos con todo el abrigo disponible. Dos de ellos también fueron con nosotros hacia los apostaderos.
Cayó la noche y un poco de lluvia, pero nadie se amilanó. A lo lejos, un tiro rompió el silencio. Al rato, se escuchó otro fusil y luego, otro más. En mi apostadero bajaron tres chanchos y antes de las 21 horas ya tenía un padrillo gordo listo para la foto.
El guía que me acompañó es un buen conversador y agradable compañero. Cinchamos juntos para sacar el chancho del monte y sudamos como “chanchos“ para subirlo a la camioneta, pero nada importaba en ese momento.
“Vamos volviendo para no llegar tarde al asado”, dijo cual viejo delantero tiempista que le escapa al asador y espera recibir el centro frente al arco pero con tenedor en mano.
Llegamos y el espectáculo era tremendo: ¡cuatro jabalíes colgados del árbol esperaban el mío para cantar quintina! Nadie volvió con las manos vacías, sin dudas Carro Quemado es el paraíso de la caza. Además, el “gallego” me esperaba con un vaso de tinto y un abrazo de reencuentro.
Fotos, abrazos, elogios de colmillos y cada uno contó cómo fue su disparo. Incluso Eduardo hizo doblete con un lechón que sumó a la faena. Esa gachera era un lujo para la vista de cualquier cazador. Y faltaba el asado, claro, picada mediante.
Anécdotas, fusiles, calibres, bromas, jarana ¿de qué otra cosa se puede hablar en el asado, luego de tal cacería? Y sí, de mujeres también se habló, pero poco, porque los chanchos parecen más lindos que las damas en esas ocasiones. Algún whisky de postre, y siguió la charla hasta muy tarde. Créanme, de Carro Quemado, no nos olvidamos nunca más....
+ info
Datos del guía:
Hugo Blanco (02338) 496053 o 496013
+ Notas
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