En cuestión de minutos…
Texto: Gabriel Luis Paccioretti
Fotos: Roberto Fantin
Rosario siempre estuvo cerca. Lo dicen Fito Páez en la canción y Wilmar Merino en su nota de algunos meses atrás. Cerca de los grandes conglomerados urbanos, casi en el centro del país y de fácil acceso por autopistas, la zona de islas ubicadas entre Rosario (Santa Fe) y Victoria (Entre Ríos) es un pesquero rendidor y “a mano” de los mosqueros que desean comenzar con los dorados.
La zona de islas ubicadas entre Rosario (Santa Fe) y Victoria (Entre Ríos) es un pesquero rendidor y “a mano” de los mosqueros que desean comenzar con los dorados.
Rosario es un nudo de rutas muy importantes, donde confluyen muchas autovías y tres autopistas que agilizan el tránsito de tres núcleos poblacionales importantes, desde el oeste (Córdoba), desde el norte (Santa Fe) y desde el este (Buenos Aires), lo que la pone a muy escasas horas de viaje de cada uno de ellos. Por ejemplo, un porteño está a tres horas de los dorados rosarinos y un cordobés, a cuatro o cinco.
Esta ciudad tiene, además, gran cantidad de ofertas culturales y comerciales, donde la familia podrá recrearse el fin de semana mientras los pescadores gozan de la buena pesca en la zona de islas que, en su mayoría, son de jurisdicción entrerriana.
La zona de pesca
El alto Delta del río Paraná, a la altura de Rosario, es un intrincado sistema de ríos, riachos y lagunas de unos 55 kilómetros de ancho. De hecho, el enorme río que corre frente a esta ciudad es solo el curso mayor y nada más que eso, lo que queda más claro en épocas de crecientes: cuando el río supera los cinco metros, esos kilómetros que separan Victoria de Rosario se convierten en un solo espejo de agua.
Este enorme e intrincado sistema da lugar para todo tipo de prácticas en el deporte de la pesca, inclusive para la caza submarina (sus cultores insisten en que debemos cambiar el nombre por “pesca” submarina, ya que es una forma más de extracción de peces y los aleja de la mala prensa que tiene la palabra “caza”), ya que es común encontrar numerosas lagunas donde el agua decanta el limo en suspensión y ofrecen aguas limpísimas con hasta dos o tres metros de visibilidad.
Este fenómeno de lagunas (y arroyos o riachos que las conectan o que las desaguan) de aguas transparentes en un sistema dominado por la turbidez es llamado localmente “aguas negras”, porque así parece el color de su superficie, que contrasta enormemente con el marrón común del resto de los ríos. Cuando el nivel lo permite, la pesca en estas “aguas negras” es un verdadero lujo para el fly fishing, donde es posible llegar a ver los dorados tomando las moscas. En ciertas condiciones hídricas, el agua “marrón” (por llamar de alguna manera al agua común del sistema) ingresa a esas lagunas y empuja a las “aguas negras” por los arroyos y riachos que la comunican al sistema generando pesqueros maravillosos.
Este sistema de cientos de lagunas y sus vasos comunicantes con los grandes ríos fluctúa permanentemente, según la altura del río, generando en algunos lugares el cambio de sentido de la corriente: cuando sube el río se llenan las lagunas y, como es obvio, cuando el río baja se desagotan, lo que provoca que haya arroyos en los que cambia el sentido de la corriente según ese movimiento. Es gracioso ver la cara de asombro de pescadores de otros lugares del país que constatan que las aguas corren en sentido contrario al que vieron cuando estuvieron pescando semanas atrás.
Pero no se crea que solo se pesca con mosca en las cristalinas “aguas negras”, ya que esta es solo una de las posibilidades que presenta el río. Lo interesante es que la pesca de esta zona no depende de la temperatura ni de la época, sino de la altura del río. Cuando el río está en condiciones de altura necesaria y un mínimo de claridad que proporcione 20 o 25 centímetros de visibilidad, se puede pescar tanto con 35 grados de temperatura en pleno verano como con sensación térmica bajo cero en el más crudo de los inviernos.
Si bien los portes no son grandes, se pueden tener muy buenas jornadas de pesca con mosca logrando dorados de hasta tres o cuatro kilos. Dentro del elenco estable de la zona se pueden pescar también taruchas y palometas. Y, según la época del año, también se cobran chafalotes, pirá pitaes, manduvíes, dientudos y lachas.
De la mano de Luciano
“El río está bueno… ¿vamos el sábado a pescar con Roberto?”, fue el mail que recibí de Luciano Ortega y bastó para ponerlo como fecha roja en la agenda.
Luciano es porteño de origen, pero ya hace bastante tiempo que se afincó en Rosario, donde formó familia y tiene dos crías. Loco por la pesca, trabaja tanto con gente que quiere pasear en lancha como con pescadores de todos los estilos: carnada, spinning, baitcasting, etc. Pero lo que lo apasiona es la mosca… sobre todo con los dorados.
Y, como a mi juego me llamaron, allá fuimos con Roberto, buen parejero para estas lides. Un sábado de julio estábamos “firmes como rulo de estatua” en el embarcadero, caña en mano, listos para ofrecer nuestros anzuelos emplumados a los voraces “amarillos”.
El río tenía aguas bastante claras, pero un poco bajo de nivel, por lo que Luciano nos llevó por el riacho Barrancoso buscando algunas bocas de lagunas donde comenzar a tentar a los dorados. La altura de las aguas nos permitió desembarcar y pescar cómodamente unas entradas que cortaban el albardón alimentando una gran laguna. Allí aparecieron los primeros dorados y algunas palometas lo suficientemente grandes como para justificar el pique.
La tarde
Dado que la profundidad era escasa, la pesca fue hecha con líneas de flote y moscas lastradas. Llegado el mediodía, y solo luego de haber pescado algunos dorados que saciaron nuestra hambre de pesca, nos acordamos de la otra hambre y rumbeamos hacia una arboleda que nos protegió del sol, donde almorzamos y hasta aprovechamos para una siestita.
Luego de satisfechas el hambre y la sed, a la voz de “vamos a seguir pescando”, Luciano nos llevó al riacho San Lorenzo y al Salto, donde encontramos otras bocas de lagunas en las que también pudimos apearnos para pescar vadeando, lo que hay que hacer siempre con cuidado por la posible presencia de rayas.
En el Salto encontramos un recodo pronunciado del riacho donde se aceleraba la corriente y se veían los dorados cazar. La pesca fue muy fructífera y logramos muy lindos dorados con shootings de hundimiento rápido que permitían lanzamientos largos y ganar la profundidad necesaria en corto tiempo. También encontramos la boca de una laguna que dio hermosos y violentos piques que justificaron haber detenido la lancha.
En esta oportunidad, la altura del río nos permitió el vadeo, pero no siempre es así. En épocas de gran creciente se pesca todo el día desde la lancha anclando en las bocas. Y cuando hay bajantes muy pronunciadas se pesca gareteando las costas de los causes mayores, navegando muy lentamente en las zonas de palos o raigones hundidos, donde cazan los dorados.
A modo de cierre
Si bien el alto delta del Paraná es un buen pesquero, que se destaca más por la cantidad que por el tamaño de los dorados, está al alcance de cualquier fin de semana del año tanto por la cercanía de los grandes centros urbanos como por la facilidad y rapidez del acceso vehicular. Además cuenta con gran oferta de hotelería para todos los gustos y capacidades económicas.
Lo bueno de Rosario es que “siempre está cerca” como para llamar a Luciano y, si nos dice que el pique está bueno, hacernos una escapada de uno o dos días a mosquear al pirayú.
+ info
Datos útiles
Guía: Luciano Ortega (0341) 4248320, (011) 15-4166-1222, luciano358@hotmail.com
No deje basura en el río y hágase responsable de sus residuos. Respete los reglamentos, mate la menor cantidad posible de peces y, de ser posible, pesque y devuelva.
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