Con río alto, dorados por todos lados
Texto y Fotos: Ariel Robledo
En esta ocasión, la llamada llegó desde Esquina, y detrás del teléfono nuestro amigo “Pelo Largo” nos avisaba que el repunte de las aguas trajo consigo buenos dorados, pero que la pesca se estaba dando especialmente con carnada natural.
Cada vez que el río Paraná crece, trae consigo una renovación de los ambientes, y también días de pesca más fructíferos, especialmente para especies como el dorado.
Estamos en pleno invierno y el río Paraná experimentó un repunte que para muchos fue extraño, por la época del año en la que se dio. Lo cierto es que esta crecida también viene bien para que los intensos fríos no afecten a la fauna íctica, especialmente si se dan niveles muy bajos en las aguas de lagunas y esteros, que son los ambientes en donde suelen reproducirse las especies.
Recuerdo perfectamente en el 2007 cuando varias heladas consecutivas, sumadas al bajo nivel de las aguas, provocaron una enorme mortandad de peces a lo largo y ancho del gran río. En esta oportunidad, creo, la crecida llegó justo, como para soportar los días más fríos, y quizás la naturaleza le dé una oportunidad a la mayoría de los pequeños peces.
En esta ocasión, la llamada llegó desde Esquina, y detrás del teléfono nuestro amigo “Pelo Largo” nos avisaba que el repunte de las aguas trajo consigo buenos dorados, pero que la pesca se estaba dando especialmente con carnada natural.
Fue entonces que programamos un fugaz viaje hacia el denominado “Portal Sur” de Corrientes, con la idea de lograr una buena cantidad de capturas y, entre tantos piques, algunos de buen porte.
Viaje con mucha niebla
Partimos desde Santa Fe a la madrugada, y tuvimos que recorrer gran parte del trayecto con una densa niebla que nos exigió bajar la velocidad y, por sobre todo, subir los sentidos. Recién en los últimos 100 km. la visibilidad fue mejorando y pudimos ir un poco más rápido. Con decir que la idea era llegar cerca de las 9 de la mañana y arribamos a Esquina a las 10:30 hs.
Pelo ya estaba en el agua con la lancha lista y su hijo ajustando todos los detalles para que no falte nada en la excursión por lo que, apenas nos bajamos del vehículo, nos subimos a la embarcación e iniciamos el viaje.
Afortunadamente las lanchas del complejo tienen parabrisas, y eso frena de manera notable la fría brisa de invierno. A medida que navegábamos, el viento sur, que parecía leve, fue incrementando su intensidad, y lamentablemente en muchos de los sitios que tenía previsto realizar las pruebas el guía, por el oleaje, fueron descartados.
Tuvimos que navegar un poco más para llegar a lugares en donde había mayor reparo del viento.
Una vez ubicados los sitios más propicios, preparamos los equipos. La idea era realizar pesca “al golpe” con carnada, ya que la mayoría de las capturas en los días anteriores se consiguieron con este estilo de pesca.
Pelo, acomodó la lancha a unos 10 metros de la costa, y con el motor eléctrico iba corrigiendo la deriva, tratando de mantenerse siempre a la misma distancia. El aparejo, tenía un pequeño plomo de unos 20 gramos que lograba hacer descender la carnada unos centímetros, antes de recogerla y volver a realizar los lanzamientos. La técnica es muy similar al bait casting, con la diferencia que cuando cae la carnada al agua, dejamos el pick up del reel abierto unos segundos, y si tenemos pique, dejamos correr al pez con la carnada hasta que trabamos el reel y efectuamos la clavada.
Es un estilo de pesca apasionante, con el cual el pescador se mantiene en alerta todo el tiempo, esperando la feroz corrida de pez color oro.
Los sitios
Pelo, tiene una larga trayectoria como guía de pesca y además es un apasionado por este deporte, lo que le brinda un plus especial, ya que cuando no tiene clientes, generalmente sale a probar él los pesqueros.
Antes de iniciar los ensayos me había garantizado una veintena de piques, y de los cuales algunos dorados iban a ser de buen tamaño.
Arribamos al primer sitio, el viento molestaba un poco pero no queríamos desperdiciarlo, ya que se veía muy tentador para que los dorados estuviesen esperando su dieta.
Lanzamos los aparejos y fuimos “bombardeando” la costa, de la que se destacaban algunos palos y barrancas que aceleraban la velocidad del río. No teníamos piques, hasta que en unos de los lances, al tirar en contra del viento, se me forma una pequeña “galleta” en mi reel y, mientras estaba desatándola tengo el brutal pique que, por fortuna, pude concretar, ya que milésimas de segundos antes había terminado de desatar el nudo. Este pequeño inconveniente, también nos sirvió para comprender que teníamos que dejar descender un poco más la carnada, ya que quizás por el viento, los peces estaban cazando un poco más abajo de lo normal.
Así fue que pelee con mi presa, acompañado de las risas y las cargadas de mis compañeros, por la situación vivida. “Se pesca mejor con galleta…” me decía el hijo de Pelo.
De esta manera accidentada logramos la primera presa y, esto, nos dio la tranquilidad que los dorados estaban comiendo.
Tras esta captura, Pelo fue anotando la cantidad de dorados que cada pescador lograba subir a la lancha. Esto, más allá de generar una pequeña competencia entre los pescadores, también sirve de estadística para el guía sobre cómo se presenta la pesca el día en el que sale al río. Si al dato de cantidad de peces, le sumamos la altura del río, la temperatura ambiente, y los sitios en donde los pescamos, podemos ir armando un cuadro estadístico que muchas veces nos permitirá identificar cuáles son los mejores puntos de pesca según el nivel del agua y la época del año.
Luego de conseguir varios doradillos en el primer sitio elegido, navegamos un poco más al norte, en donde intentamos la pesca con la lancha anclada. Pero las respuestas no fueron las esperadas, por lo que continuamos pescando al golpe, ya que la efectividad en el estilo era determinante.
En cada punto en donde nos deteníamos y realizábamos las pasadas obteníamos respuestas de varios dorados medianos, y algunos más grandes que por impericia nuestra, o por habilidad del pez, no podíamos izar a la lancha.
Increíblemente, con tanto viento y el frío que calaba hondo, los peces estaban activos, ofreciéndonos una jornada a pura adrenalina.
“A medida que el frío afloje, y si se mantiene el agua clara, seguramente vamos a poder hacer una muy buena pesca con mosca y en bait casting…” nos aseguraba Pelo.
Casi no nos detuvimos a almorzar, porque las jornadas en invierno son demasiado breves y el tiempo que teníamos era muy escaso.
Ya con el sol cayendo, pasamos por una zona de barrancas que prometía mejores tamañosm y fue allí en donde logramos prender un par de dorados que cerraron la jornada de la mejor manera, pero además terminaron por darle a Pelo la razón, de que los grandes también suelen nadar en aguas esquinenses.
El broche de oro lo dio un muy lindo ejemplar que pescó el hijo de Pelo, en un desborde. El pique fue brutal y el pez en su intento por zafar del anzuelo, pasó por debajo de la lancha, y estalló en un salto a contra luz que nos dejó a todos atónitos, y felices por tanta hermosura y agradecidos a nuestro majestuoso río Paraná, que siempre, aún con condiciones climáticas severas, suele regalarnos a sus mejores frutos.
Retornamos ya de noche a Esquina, abrigados hasta los dientes, y navegando por los arroyos y lagunas internos, en donde el oleaje no era tan peligroso.
Como cierre, cenamos en el comedor del complejo unos exquisitos tallarines, hablando de nuestras pasiones con Pelo, un anfitrión que cada vez que viajamos se esmera para que todo salga de maravillas.
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Informes y reservas: (03777) 468 016 / 155 36 789
pelocasares@hotmail.com
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