Pesca Deportiva
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Grande, La Chiquita

Texto y Fotos: Eduardo Gonzáles

Este es un ambiente ideal para pescar pejerreyes, un entorno rodeado de rías que brinda un lugar protegido para probar a fondo y a flote.

Poco conocido balneario del sur de la costa marítima bonaerense, tiene buena pesca todo el año, destacándose por sus pejerreyes en invierno.

La Chiquita es uno de los pocos lugares de la costa bonaerense que sigue bajo el dominio de la naturaleza en estado agreste. Entre las dunas vírgenes, vestidas de grandes pajonales y colas de zorro, las aguas lucen verdes, en otros momentos azuladas, teñidas al antojo del sol, y solo el intenso color del mar es cortado por la espuma blanca, producto de los vaivenes acompasados de las olas que bañan este vergel del litoral marino de la provincia de Buenos Aires.

En uno de los tantos viajes a Bahía San Blas nos llamó la atención un cartel que indicaba “Balneario La Chiquita a 70 km”. Como no podía ser de otra manera, las ansias latentes por visitar y descubrir un nuevo lugar se manifestaron de inmediato. Esto nos llevó a preguntar en Pedro Luro, parada obligada de nuestro viaje, por este lugar anunciado. Y la respuesta fue tentadora. Me di cuenta de que, si bien no era muy nombrado entre la gente de paso, los lugareños lo tenían agendado entre sus planes de pesca habituales. Aunque ese año 2007 no iba ser de nuestra partida, quedó refrendado en la agenda del 2008, oportunidad en la cual lo conocimos.

Un paraíso terrenal
La Chiquita es una villa propiamente de pescadores, aun sin los servicios a los que muchos estamos acostumbrados, como agua potable, gas y electricidad (se proporciona con un generador local en un horario reducido, de 17 a 24 hs). No por esto deja de guardar un encanto y un atractivo particular. No obstante desde entonces y cada vez que lo visitamos nos sorprende con su crecimiento urbano apuntando al desarrollo turístico. Actualmente cuenta con una proveeduría, camping, un galpón de usos múltiples, baños públicos con agua caliente, un teléfono comunitario y servicio de guardavidas en época estival. Se llega al balneario ingresando en el kilómetro 781 de la Ruta Nacional 3 hacia el este, tras recorrer unos 70 kilómetros de tierra arenosa.

Pesca todo el año
Claudio Manzi, unos de los pocos habitantes que tiene La Chiquita, es nuestro guía y referente. Allá por enero de este año, cuando lo visitamos e hicimos una excelente pesca variada, destacándose el gran tamaño de las corvinas y los escualos (estos últimos se pescan con devolución obligatoria), nos mencionó que la pesca en La Chiquita no se limita al verano: ¡se realiza todo el año! Si bien hizo una salvedad respecto a las especies que frecuentan cada estación, resaltó que hasta la caída de un par de heladas fuertes los peces estivales se mantienen en la zona. Todo tiene una explicación: existe una corriente cálida procedente del Brasil que mantiene templadas las aguas de estos parajes un tiempo más que en otros lares. En consecuencia, estas especies dilatan su estadía. Así es posible sacar corvinas, diferentes especies de escualos y lenguados hasta más allá de mediados de junio, para retornar hacia septiembre de cada año. Eso lo comprobamos recientemente junto a mis compañeros y Víctor Poli, Miguel y Carlos Sebastiano.

Tradicional variada de mar
Arrancamos la primera jornada con un día soleado, casi sin viento y muy frío por la mañana, templándose a medida que avanzaban las horas. Claudio nos hizo subir a una de las embarcaciones y, como siempre, un tractor nos llevó hasta la primera rompiente. Desde ahí nos dirigimos a un primer canal distante a unos 1.500 metros de la costa. Los piques de pescadillas estuvieron a la orden del día, pero también formaron parte de la variada: congrios, pez palo, rayas, gatuzos, pejerreyes, y corvinas que promediaron los tres kilos. Claudio, no conforme con la calidad de las piezas obtenidas, ingresó a una segunda canaleta, distante a unos 3.000 metros. Los piques eran más raleados, pero entre toda la variada pudimos obtener corvinas, que en algunos de los casos sobrepasaron los cuatro kilos, peso nada despreciable si consideramos que fueron pescadas finalizando mayo. También nos llamó la atención la pesca de una especie de escualos que no conocíamos, denominados espinillos o cazones chilenos, de ojos verdes y sendas púas en su lomo junto a sus aletas dorsales, como así también de grandes rayas.

Caleta Brickman
Cuando las jornadas se presentan ventosas, o se quiere realizar una pesca de calidad, la caleta Brickman es el lugar elegido. Se trata de una entrada al continente de unos cinco kilómetros de ancho y casi 40 kilómetros tierra adentro. Es un paraje con muchos lugares sin explorar. El mismo Claudio nos comentó que él se ha adentrado no más de 15 kilómetros. Más allá no lo ha intentado, ya que se forman canales y rías tapizados de juncos, que lo transforman en una verdadera maraña, susceptible al comportamiento del mar, convirtiendo la zona en un potencial terreno anegadizo. Pero esta no es su única cualidad, continúa informando Claudio, ya que la boca de la caleta es un verdadero puerto natural de aguas profundas, donde se puede alcanzar a tiro de caña más de ocho metros de hondura, lo que permite pescar corvinas de muy buen porte, una variada calificada con excelente y los tan ansiados “tiburcios”. Se llega en vehículos 4x4, transportando la embarcación a tiro por la costa con el mar en bajante y se debe regresar en idénticas condiciones, ya que no existen accesos públicos.

San Antonio
Otra posibilidad, cuando el viento sopla fuerte, es la zona del antiguo balneario San Antonio, unos siete kilómetros al sur o quince minutos de navegación desde La Chiquita. Se trata de un conjunto de rías que se desprende de uno de los brazos del río Colorado y su sistema artificial de riego. En bajante se puede apreciar infinidad de calles de barro y conchillas que se internan entre paredones de juncales, formando verdaderos meandros. Cuando sube la marea se transforma en un pesquero de excelencia, donde se obtienen, durante todo el año, pejerreyes de gran porte, y opulentos lenguados en la temporada de septiembre hasta más allá de mayo.

Lenguados
En esta oportunidad, la mayoría de las capturas de lenguados las realizamos de costa, pescando en las rías de aguas dulces, que ganan salinidad en la pleamar. En una jornada que apenas sobrepasó una hora, logramos más de una decena de este linaje tan deportivo, los que promediaron los 2,5 kilos. La pesca se realiza en spinning, encarnando con filete de pejerrey. En muchos de los casos, el pique parece un enganche en el fondo. Al sentirlo hay que detenerse y ver la punta de la caña: si se notan pequeños movimientos, es un lenguado que comenzó a comer. Hay que ser pacientes hasta que se produzca la llevada para recién clavar. Es indispensable cumplir con esta usanza para no fallar. Generalmente cuando lo traemos no nos brinda mucha pelea y parece un peso muerto con algunos esporádicos tirones. Cuando lo acercamos a la lancha o a la costa, empieza la verdadera batalla. Lo importante es aguantarlo hasta que se canse, disfrutando con equipos livianos cada salto, cada corrida, las que son parte de la ofensiva de este deportivo pez.

Para todos los gustos
Este es un ambiente ideal para pescar pejerreyes, un entorno rodeado de rías que brinda un lugar protegido para probar a fondo y a flote. Desde ya que el mejor rendimiento se encuentra cerca del lecho marino, producto de la gran cantidad de alimento que se concentra. Por otra parte, al tratarse de lugares con profundidades de no más de dos metros nos da la posibilidad de intentar con paternóster o con líneas de dos brazoladas con sus anzuelos pescando, como se dice en la laguna, “al barro”. Por el contrario, aquellos que prefieren los tradicionales aparejos pejerreyceros de tres boyas y están dispuestos a ofrendar cantidad, pueden usar brazoladas entre los 20 y los 50 centímetros para alzarse con más de una treintena de muy buenos “flechas”. Esta reciente experiencia nos permitió disfrutar a pleno de la pesca de escardones, pejerreyes más bien retacones, de 30 a 45 centímetros, pero de una gran robustez y con un peso que promedia el medio kilo. Al prenderlos de los anzuelos demostraban toda su potencia a través de las largas y continuas corridas laterales. Todos coincidíamos en la similitud con la lisa, a tal punto que la energía puesta de manifiesto al intentar zafar los transformaba en verdaderas flechas misilísticas. Esta última es la pesca que se viene en los próximos dos meses, no solo con la posibilidad de obtener ejemplares en cantidad, sino que con el frío se concentran en calidad, una gran ocasión para aquellos amantes del pejerrey. Y a partir del mes de agosto se suman a esta oferta los fabulosos panzones.

Yapa incluida
Como prebenda y si el tiempo acompaña, para aquellos que quieran intentar la variada de mar, en esta época invernal se suma la posibilidad de una especie tan deportiva como las palometas, un pez culinario como la brótola, y los caballitos de batalla, pescadillas y gatuzos, completando la oferta algunos banderitas, congrios y pequeños meros.

La Chiquita se las trae. Ubicado en un enclave puramente natural, nos da la posibilidad de pescar todo el año, pero, en esta época, con especial atención a los pejerreyes, especie que se impone cada invierno y que moviliza infinidad de aficionados, quienes encuentran en ellos un desafío especial y, en este balneario, el ámbito propicio para divertirse y no fracasar.

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Para agendar
El guía de pesca Claudio Manzi cuenta con seis truckers de siete metros, equipados con todos los elementos de seguridad exigidos. También dispone de siete bungalows que poseen baños con agua caliente, heladera, freezer, Direct TV y parrilla con disco.
Las reservas se pueden efectuar al 0291-491- 9125 (por la noche) o al (0291-15-643-0955. Mail: guiaclaudiomanzi@yahoo.com.ar

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